sábado, 9 de marzo de 2013

Hasta Siempre Comandante


Adiós al Solitario George, el tortugo de las Galápagos

Especies que desaparecen

Por Soledad Barruti

Desde la época en la que desaparecieron los dinosaurios que no hay una pérdida tan brutal de la biodiversidad como la que se está viviendo ahora. La intervención humana aumenta mil veces los factores de extinción naturales, y según la ONU se extinguen cerca de 200 especies por día en todo el mundo. Pero, sin embargo, fue la muerte de George, la tortuga más solitaria de Galápagos, la que parece haberle dado una dimensión más precisa a tanta estadística desoída, mientras marcaba un punto final triste y rotundo a la esperanza científica de salvataje de último minuto. Tanto que todavía nadie se anima a cerrar el capítulo de un esfuerzo que cumplió más de cuarenta años.
Desde que apareció en 1971, vagando por una de las islas más pequeñas y remotas del archipiélago, cual Principito en el asteroide B 612, George se volvió un icono de su universo devastado. A través de él se podía contar la historia del archipiélago, y a través de esa historia mucha de la nuestra más reciente.
Las islas Galápagos estuvieron aisladas del mundo desde que la ristra de volcanes subacuáticos las expulsó, millones de años atrás. Los pocos especímenes que llegaron ahí se desarrollaron siguiendo un curso propio de evolución, alejándose de sus especies, signado por las adaptaciones necesarias para sobrevivir en ese entorno único. En Galápagos los cactus se vuelven árboles altísimos con troncos que parecen de barniz, las iguanas pescan en el agua y expulsan sal por sus narices, como si fueran chimeneas de humo blanco, hay pingüinos que no se van aunque haga 50 grados y, por supuesto, tortugas. Todas gigantes y a simple vista iguales, pero con particularidades que van de la forma de sus caparazones al tamaño de sus patas, dependiendo de en qué pedazo de tierra flotante les haya tocado nacer.
En Galápagos todo cambia en pocos kilómetros: el paisaje puede ser volcanes calientes, rocas llenas de espinas, mares verdes y turquesas o laderas húmedas y exuberantes.
En esa vastedad, el primer visitante cayó a las claras en la playa equivocada. Las Galápagos fueron la imagen del infierno para el obispo de Panamá, el primero en registrar sus costas. Había dragones y monstruos marinos allá adentro, dijo pretendiendo cerrar la puerta maldita. Pero las Encantadas quedaron vedadas sólo para una parte de los fieles. Marineros aventureros las siguieron visitando, convencidos de que la maldición de esas tierras era que los muertos más malvados se volvían tortugas gigantes. “Que las tortugas sean las víctimas de un hechicero punitivo maléfico o tal vez decididamente diabólico, parece probable sobre todo cuando se toma en cuenta ese extraño entusiasmo por el esfuerzo inútil que tan a menudo se apodera de ellas. Las he visto, en sus correrías, arremeter heroicamente contra rocas y permanecer largo tiempo frente a ellas, topándose y retorciéndose, tratando de meter su cuña para moverlas y así poder seguir por su camino inflexible. La maldición que pesa sobre ellas culmina en su ineludible impulso de ir siempre derecho por un mundo plagado de escombros”, escribió Herman Melville, en su extraordinario libro Las Encantadas.
En sus años de historia paralela a la Historia, las islas Galápagos supieron ser morada inhóspita de salvajes piratas, esclavos olvidados, cazafortunas sin fortuna, presidiarios torturados. Sus pájaros fueron inspiración única de un joven Darwin al acecho de una teoría revolucionaria. Y cien años después, funcionaron como base estratégica para Estados Unidos en el frente del Pacífico.
Territorio pequeño y desperdigado, cada visita fue dejando su huella. No sólo fueron poblando a las Galápagos de animales exóticos como perros, gatos, cabras y plantas invasoras que destruían a las especies locales haciendo imposible la supervivencia de las crías. Además aprovecharon para saquear todo eso que ahí abundaba y afuera no había. Con las tortugas y sus fantasmas hicieron aceite, sopa, espectáculos, ollas y hasta barriles de cerveza para el ejército americano. El mismo Melville, después de mostrarse maravillado por sus pesadillas hechizadas, lo celebró con guisos y filetes de esos animales.
La imagen debe haber sido la de lo inagotable.
Pero un día miraron atrás y ya casi no quedaba nada.
Se calculan en 200 mil las tortugas matadas en los últimos dos siglos. Los intentos de preservación de las Galápagos empezaron hace más de cincuenta años. Pero cuando se trata de naturaleza parece que no es fácil reestablecer el orden: lanzado ahí afuera, todo entra en ese torrente biodinámico que es la vida, y el ser humano, que puede ser el más agresivo agente de la evolución, aprende que tampoco es Dios ni mucho menos.
El solitario George no era el más viejo ni el más grande de los tortugos. Era el último en su especie. El último de la isla Pinta. Con él se fue una forma entera de ver y relacionarse con el mundo.
George vivía tímido entre las piedras de su parcela del parque en la Estación Científica Charles Darwin, un lugar un poco árido y expuesto. Rodeado de turistas y científicos y una urgencia ansiosa por lograr su pronta reproducción que nunca dio ningún resultado. De las cruzas con George salieron huevos muertos y una creciente apatía. No importó que le llevaran una bióloga rubia que le hablaba en inglés y quisieran engañarlo con tortugas parecidas a él.
George en vida esquivó a la ciencia pero no dejó de cargar la historia. Vivió cien años, lo que para alguien que puede alcanzar los doscientos es morir bastante joven. Ahora es material genético, un cuerpo embalsamado y recuerdo de museo. Hay científicos que sugieren que tal vez no sea el último de su especie, y otros tantos que esperan el desove de las dos hembras que lo acompañaban, a ver si a último momento se arrepintió y dejó alguna descendencia. Pero por el momento nada de eso existe y su muerte es un hecho contundente: aunque no haya sido más que una pobre tortuga, es la realidad que demuestra que a veces es demasiado tarde.


Fuente: < http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/radar/9-8043-2012-07-01.html >, 01/07/2012

martes, 25 de diciembre de 2012

Balance del año según Mamerto Menapace



"Mi percepción a medida que envejezco es que no hay años malos. Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son. 
Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros  egos y nuestros apegos. Por eso, no debiéramos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso,  porque ambos son sólo instancias de aprendizaje. 
Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas que no queremos, depende sólo del cultivo de la voluntad. Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo. 
“Ser feliz es una decisión”, no nos olvidemos de eso. 
Entonces, con estos criterios me preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año porque todos estamos en el camino de aprender todos los días a ser 
mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas: -a aprender a amar -a dejar huella -a ser felices. 
En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:
-Aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento. El trabajo sea remunerado o no, dignifica el alma y el espíritu y nos hace bien en nuestra salud mental. Ahora el significado del cansancio es visto como algo negativo de lo cual debemos deshacernos y no cómo el privilegio de estar cansados porque eso significa que estamos entregando lo mejor de nosotros. A esta tierra vinimos a cansarnos,
 
-Valorar la libertad como una forma de vencerme a mí mismo y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero. Quizás deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo que debemos con placer y decir que estamos felizmente agotados y así poder amar más y mejor.
-El tercer y último punto a cultivar es el desarrollo de la fuerza de voluntad, ese maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones inmediatas en pos de cosas mejores. Hacernos cariño y tratarnos bien como país y como familia, saludarnos en los ascensores, saludar a los guardias, a los choferes de los micros, sonreír por lo menos una o varias veces al día. Querernos. Crear calidez dentro de nuestras casas, hogares, y para eso tiene que haber olor a comida, cojines aplastados y hasta manchados, cierto desorden que acuse que ahí hay vida. Nuestras casas independientes de los recursos se están volviendo demasiado perfectas que parece que nadie puede vivir adentro.
Tratemos de crecer en lo espiritual, cualquiera sea la visión de ello. La trascendencia y el darle sentido a lo que hacemos tiene que ver con la inteligencia espiritual. Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso a la conversación, a los juegos “antiguos”, a los encuentros familiares, a los encuentros con amigos, dentro de casa. Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de nuestras familias. Si logramos trabajar en estos puntos y yo me comprometo a intentarlo, habremos decretado ser felices, lo cual no nos exime de los problemas, pero nos hace entender que la única diferencia entre alguien feliz o no, no tiene que ver con los problemas que tengamos sino que con la ACTITUD con la cual enfrentemos lo que nos toca.
Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan. Y que en cambio, con las penas pasa al revés. 
Se achican.Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el corazón. Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro".

MAMERTO MENAPACE monje benedictino.

viernes, 15 de junio de 2012

Colegio Nº 13 Tomás Espora - Desmiente


DIFUNDAN
Buenos Aires 14 de Junio de 2012



La comunidad educativa del Colegio 13 desmiente rotundamente la NUEVA DENUNCIA relizada por el Sr. Max Gulmanelli que habla sobre destrozos en el Ministerio de Educación por parte del contingente que ayer 13 de junio de 2012, visitó esas instalaciones para pedir una entrevista con el Ministro Bullrich, luego de una promesa anterior de visitas al colegio de un funcionario del Ministerio que no se cumplieron hasta tanto esta delegación se acercó por segunda vez a las oficinas de Paseo Colón.

Nos preocupa que un funcionario tome como medida recurrente una acción judicial en contra de la comunidad educativa a la que debería estar ayudando y para la que debería estar trabajando. Sobre todo cuando estas declaraciones son FALSAS.

Por lo tanto declaramos que con estas acciones


*Criminaliza la protesta al denunciarla judicialmente mintiendo. No se realizaron destrozos, ni hubo agresiones a funcionarios o persona alguna
*En vez de perseguir debe RESOLVER la reapertura de los cursos porque esa condición es irrenunciable para la comunidad educativa
*No dejamos de educar, enseñamos y aprendemos que la educación es un derecho y se defiende luchando todos
*Por todo esto nos acompañan las organizaciones en defensa de los Derechos Humanos y la sociedad


Para hacerlo público esperamos que puedan acompañarnos mañana 15 de junio en una conferencia de prensa a realizarse a las 8 de la mañana, en el colegio mismo Gallardo 149 Barrio de Liniers


Adhieren al. Comunicado
La liga argentina por los derechos del hombre
Movimiento ecuménico ddhh
Asamblea permanente x los ddhh

miércoles, 30 de mayo de 2012

Crónica del Vaciamiento


-         No me acuerdo de cómo iba a empezar.
-         ¿No lo recuerda?.
-         No.
-         Algo tiene que haber, al menos un flash.
-         ¿Informativo?
-         No, eso no sirve.
-         Pero digame, su actitud me hace sospechar que usted sabe algo.
-         ¿Algo?
-         Sí, algo que yo no sé.
-         Yo puedo saber muchas cosas que usted no sepa, casi lo doblo en edad; lo que no puedo saber es lo que vivió en su experiencia personal. Su vida; su infancia; cómo creció; en dónde; quienes lo rodearon; qué manera de pensar se fue forjando con el tiempo.
-         ¿Forjar?, que yo sepa nunca adquirí conocimientos de herrería, ¿hacia dónde piensa llevar ésta conversación?
-         Pensar es lo que intento que haga. ¿Es que usted no puede recordar nada?
-         Eso parece.
-         Bien, entonces intentemos utilizar una técnica demasiado antigua, la ‘Mayéutica’.
-         ¿Mayéutica?
-         Mire, hace mucho tiempo atrás, demasiado, existió un sujeto (supuestamente, algunos piensan que fue una idealización de otro más rayado), que se llamó Sócrates. La madre de este sujeto era partea, y él muy inteligente decía que aplicaba el oficio de su madre para lograr que el conocimiento brotara de los demás individuos; incluso de aquellos que aseguraban ser completamente ignorantes.
-         ¿En serio?
-         Claro; como una partera, creía que podía conseguir que otros hombres dieran a luz el conocimiento.
-         Usted me está jodiendo. Primero, las únicas que pueden tener crías son las mujeres; segundo, de qué conocimiento me está hablando?
-         Bueno, en este caso le hablo del conocimiento de los últimos suceso que acaecieron en su vida, como para tener información sobre usted. Por otro lado, no hablo de dar a luz en el sentido que usted interpreta, me refiero a sacar afuera, a la superficie, lo que sabe sobre algo en especial. Por ejemplo, cómo iba a empezar.
-         Ah, copado lo suyo. Y cómo piensa hacerlo.
-         Muy fácil, mediante una serie de preguntas que empezarían con la frase ¿qué es?
-         ¿Qué es qué?
-         Por ejemplo, ¿qué es lo último que recuerda de anoche?

(...)

Mariano Vincenzetti (04-12-04)

miércoles, 23 de mayo de 2012

Sobre el oficio


Pareciera que los días no han querido cruzarse en su romántica senda de utopías construidas con lápiz y papel, pareciera que su sueño de un mundo mejor continúa guardado en su antiguo maletín. Esta no es la edad media, pero él sigue cantando y recitando los versos de sus trotamundos pasos, al igual que un juglar.

                                                                       Antonio Machado

lunes, 21 de mayo de 2012

Monólogo


Placeres, de Griselda Gambaro (adaptación)

¡Cómo me gusta el barrio! El centro tendrá las luces, la animación, pero el suburbio... El suburbio con las casitas bajas, el tango... el mate bajo la parra... (se mira la manga) / ¡Mierda, la manga! Ya me parecía que uno, cuando subí al colectivo, ¡se había agarrado de mi manga para sostenerse! La manga rota, y encima, recibí dos sopapos. Una mina creyó que la tocaba, sin darse cuenta de que me empujaban y yo estaba tan apretado, tan apretado que ni podía respirar. Suerte que me vio violeta y gritó. Tuvieron que parar el colectivo. Después la mina se disculpó, pero los dos bifes ya me los había ligado. Apenas respiré otra vez, todos subieron de nuevo, el colectivo arrancó como en una competencia y me dejaron en la calle. Abandonado. Con la manga rota.

Esperé otro colectivo. Volví a pagar el boleto porque el chofer no quiso escuchar razones, ¿Por qué bajó del otro salame?, me dijo.
¿Qué le iba a contestar? El centro los pone locos. Un tipo me clavó el codo con fuerza. ¡Ah!, no lo hizo a propósito. Fue cuando el colectivo frenó de golpe ¡y todos nos fuimos para adelante! Tuve suerte, una señora se tragó la puerta y perdió todos los dientes. Y bueno, se sabe. Viajar a los suburbios no es cómodo.
(Huele el aire, se inclina oliendo hacia la entrepierna) Un nenito que viajaba sentado se agarró de mis pantalones y me vomitó aquí. (Se mira) Se ve que los sacudones... La madre quiso limpiarme (sonríe). No todas son desgracias. Uno tiene sus compensaciones... en el colectivo.
A mí en realidad no me importan las asfixias, los vómitos, los codazos... El que quiere celeste, que le cueste. Cuando llegó acá, a los chalets, a las casas bajas... Recibo mi recompensa.

Me gusta caminar por el barrio al atardecer, ¡una paz, una tranquilidad! ¡Que no me hablen del centro! Voy hasta la esquina y vuelvo / corriendo porque quién se salva de los ladrones.
Pero ahora estamos más tranquilos en el barrio. Contratamos servicio de vigilancia. Debemos tomar alguna precaución –no volver tarde a la noche- / y bueno... se confunden, un error cualquiera lo tiene. Pero el barrio ganó. ¡Hay una seguridad! Pasan en auto, dan vueltas toda la noche y la sirena ¡chiu, chiuuuu! Para avisarle a los chorros. Para no encontrarlos, que huyan antes. Inteligentes, ¿eh? Se ahorran disgustos.
No dormir me pone... irritado. Pero / salgo al patio, veo las estrellas, la luna... No salgo mucho al patio. Porque hace poco una bala perdida le rompió la cabeza a una nena. Son cosas que pasan. Inadaptados hay en todas partes.

Los domingos a la mañana compro el diario, me siento en una sillita baja, tranquilo... ¡qué paz! ¡Una serenidad que-que...! Los del centro, ¡nunca! Esta paz.
Me olvido de los viajes, del colectivo.
Este domingo no lo leí, el diario / porque frente al quiosco pusieron un aviso grande, con dos postes así, (señala) a esta altura, (se señala la frente) un aviso del gobierno, cloacas, hospitales, escuelas... me di vuelta y... me lo llevé por delante / al cartel. El diariero me dijo que nueve de cada diez de los que compraban el diario, se lo llevaban por delante, al cartel. De hierro. La culpa fue mía, tengo movimientos... impulsivos. Me dieron tres puntos en la salita. / Había cola en la salita, / sólo se salvaron los petisos. Podían haberlo puesto un poco más alto, el cartel, no a la altura de la cabeza de la gente, pero tienen otras cosas en que pensar. Las cloacas, las escuelas, los hospitales.

Me gusta mirar la calle, me siento al lado de la ventana. En este momento la calle no está linda, hace casi dos años que está horrible. / Circunstancialmente. Primero vinieron los del asfalto. ¡Quedó la calle...!, lisa, una alfombra. ¡Estábamos contentos...! Y a los dos meses rompieron el asfalto para conectar el agua. ¡Quedó la calle...! un asco. Por pocos meses. La arreglaron, quedó lisita, una alfombra, y vinieron los de las cloacas. Rompieron los caños del agua. Un accidente, no se dieron cuenta. No hay modo de preverlo. Vos sabes, se cubre todo con el asfalto y no se ve lo que hay debajo. Rompen cavan, y ¡zas! Le dan al caño. Una catástrofe. Estuvimos seis meses entre el barro y la caca porque no se ponían de acuerdo sobre a quién le le correspondía arreglar. Y ahora rompieron otra vez el asfalto porque, / no sé... / no sé qué planes tienen. / Plantar árboles, construir una placita en medio de la calle, una playa de estacionamiento... Quedaron unos hoyos así, llenos de agua. Dos por tres se muere un vecino ahogado. O un niñito distraído que camina papando moscas.
Esto pasa en el centro también. Son los costos del progreso. Y en el centro uno se ahoga, no tiene este aire, este cielo... / El cielo no se ve bien, porque suburbio y todo, ¡hay un cablerío! Los árboles son todos mochos, los cortan a esta altura (señala), porque si no las ramas se enredan en los cables y hacen un desastre. El suburbio progresa, ¡sí, sí! Progresa sin perder su encanto. Y los árboles mochos son instructivos, están llenos de carteles. / Parecen las páginas amarillas, llenos de avisos... Plomeros, pedicuras, albañiles, / profesores de inglés...

domingo, 13 de mayo de 2012

Esperando al Mesías...


Estoy esperando un llamado...
Ustedes se preguntan: ¿A qué se dedica? ¿Tengo oficinas en la City porteña, alfombradas, con centralita, computadoras, télex? No. ¿Veo al cardiólogo de la bolsa? No. ¿Tengo yate, estancias, avión particular? No. Ni siquiera tengo auto. ¿Y entonces? Los devora la curiosidad. Lo sé . ¿Soy un cirujano de renombre? ¿Sí? ¿Vendedor? ¿Manosanta? No. Mi dominio es otro. Qué suspenso, ¿eh?
Les voy a contar...
A partir de centrar mi atención en canales de cable que pasan extensas publicidades del tipo llame y compre, me fanaticé por objetos y soluciones inútiles.
Intenté solucionar mi problema de sobrepeso consumiendo cápsulas reductoras, utilizando fajas y trusas reductoras para reducir la grasa acumulada en mi abdomen, cintura y piernas. Busqué tonificar (o solidificar, más bien), esas adiposidades que no cedían con el uso diario de esas prendas confeccionadas con el más fino poliéster / chino.
Combatí mi calvicie con cascos masajeadores que no hacían más que brindarme un grato arrullo craneano, mientras parpadeaba, pasada la medianoche, intentando seguir, sin perder detalle alguno, los relatos sobre exorcismos y curas milagrosas brindados por pastores brasileños, tan de moda en la tv actual, como en los ’80 fue el club 700.
En fin.
Es cierto. Está a la vista. Recuperé el pelo y bajé de peso. Pero desgraciadamente no fue gracias a soluciones mágicas. La televisión me defraudó, aunque yo deposité mi confianza en ella.
La historia sobre cómo alcancé mi estampa actual roza lo escabroso, y supera el motivo de mi exposición. Además es un relato signado por el esfuerzo, la entrega y la resignación de los placeres más queridos por mi, al menos. Para que se den una idea: las mujeres con poco busto se hacen las gomas; los hombres con poco pelo, el entretejido. Qué se le va a hacer.
El fin por el cual me auto convoco hoy a dar esta charla, es la revelación y apología de un adminículo que, desde mi total convicción, promete solucionar mi vida y la de todos como por obra de magia.
Es un aparato simple, pequeño. Si el control remoto constituye una extensión del pene para el hombre, el celular es el punto G que todos podemos tener en la palma de la mano para proporcionarnos goce interminable cuando la insatisfacción se apodera de nuestras vidas.
A partir del celular se modificó mi forma de ver el mundo y pensar mis problemas. Me cargué de energía, tal como se carga la batería del teléfono en el enchufe de la pared. Los dilemas profundos, las angustias existenciales, se vieron eclipsados por problemas superficiales: La recepción o no de un mensaje de texto, la pérdida de señal para comunicarse con el otro. Pero se hizo la luz. Horóscopos y cartas natales pueden llegar casi al instante a nosotros, y darnos las claves para el futuro inmediato; resolver penas de amor; problemas económicos; encontrar ese trabajo que no llega –ni por intermedio de los santos-. Claves para sentirse bien; recetas para los cocineros novatos y presurosos.
Todo esto me extirpó de mis más profundos padecimientos , del mirar hacia adentro; de los conflictos del trato personalizado, el cara a cara. Este pequeño medio electrónico, suma de todos los medios, elimina las contingencias, los errores, la incomodidad de acercarse al otro con el riesgo de ser vulnerable. 
Me convertí en un adorador de la telefonía celular. Recibía cada día mi horóscopo, que utilizaba al pié de la letra para organizar mi vida cotidiana.
Hago un paréntesis en este tema. La verdad nunca leí nada que describiera tal cual lo que pasaba en los diferentes ámbitos de mi vida. Es más, muchas veces no tuve el más mínimo indicio de éxito laboral, incluso lo sigo esperando. Me hice vegetariano; me acostumbré a caminar para mejorar el funcionamiento de mi sistema circulatorio. Todo por recomendación de mi astrólogo digital. Y no sé si funcionó. Sí sé que de un tiempo a esta parte poseo una anemia galopante, pero ya pasará.
En el terreno del amor tengo mis días buenos y malos. No conocí tantas mujeres con las que hayan prosperado relaciones pasionales y llenas de sexo. Pero tampoco me puedo quejar.
Yo confío en mi horóscopo, como tantos millones de personas también lo hacen. Si no, no existirían tanto astrólogos. Porque la gente los necesita. Son los psicólogos del cosmos y saben hacer su trabajo, sólo que sin matrícula.

Mariano Vincenzetti (2007)